lunes, 8 de mayo de 2017

Celebrando la vida a los 127 años, FELICIDADES,DOÑA MELITA.

A1Rodeada de familiares Melita Castillo celebra sus 127 años

Rodeada de sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y sus vecinos la señora Melitona Castillo (Melita), festejó ayer sus 127 años. Su familia es una de las principales razones que tiene la señora para seguir viviendo. La centenaria mujer es oriunda del paraje Los Castillo, del distrito municipal de La Victoria, donde siempre ha vivido junto a sus parientes.
Doña Melita cumplió sus 127 años el pasado sábado 6 de mayo, pero fue ayer domingo cuando sus familiares se los celebraron y desde tempranas horas de la mañana iniciaron los preparativos de la festejada, quien nació en 1890.
La longeva vive con uno de sus ocho hijos y su nieta Claribel en un ambiente campestre, de extenso terreno; en una pequeña y humilde casa de madera techada en zinc. “Cuando no me aprieto me siento mejorcita”, precisa Melita, quien dijo sentirse contenta con sus familiares.
Trabajadora. Debajo de una mata de mango y sentada en una mecedora, la señora cuenta que crió sola a sus hijos trabajando agricultura, haciendo carbón y como doméstica.
“Yo trabajaba todo el tiempo; a mí me gustaba trabajar igual que comer. Yo hacía todo el trabajo; tú a mí no me gana haciendo una empalizá, un hombre no; hay muchos hombres que no saben, pregúntale a Fautico el hijo mío quién hizo esta empalizá. La hice yo”.
Asimismo destacó que ella sembró todos los árboles que hay en el terreno. “Aquí nadie sembró una mata, todo lo que hay aquí fui yo que lo sembré”.
De sus ocho hijos, cinco están vivos: Alfredo, Tomás, Juana, Picho e Higinio. “Tengo tres debajo de la tierra”, dice Melita al referirse a dos que murieron pequeños, y una hembra a los 70 años. El mayor de los hijos, Alfredo, tiene 90, y el pequeño, Higinio, tiene 60.
Comida. Los años surcan su rostro, pero no el estado de ánimo de Melita, quien al preguntarle qué le gusta comer, de manera muy jocosa respondió: “carne, eso es lo que me gusta a mí; yo no como vacío, trabajaba mucho, pero comía mucho. ¡Tú sabe lo bueno que es un plátano sancochao con una carnita de puerco!”.
Su nieta Claribel dijo que le prepara la comida solo con ajo, cebolla y orégano.
Los americanos. Recordando historias, la centenaria mujer habló de la llegada de extranjeros al paraje Los Castillo. “Cuando vinieron los americanos yo estaba cargándole una madera a mi pai, porque con palo era que se cercaban los conucos, y llegó ese hombre pantalón blanco, zapato blanco, camisa blanca y sombrero blanco; yo venía con un viaje de palo amarrao con un bejuco y él me lo quitó, me pasó la mano por la cabeza, el americano”.
Melita precisó que cuando llegaron los americanos a Los Castillo empezaron “abrir finca, para sembrar caña”.
Entre sus anécdotas, Melita recordó que su padre se llamaba Miguel Castillo y su madre Dominga, y que era la mayor de cuatro hermanos, pero todos están debajo de la tierra, “nada más quedamos yo y Concha”, su hermana menor.
Al hablar de la economía del país, dijo “ni se parece a como era de primero, una libra de carne valía cinco cheles; antes se comía carne y con diez centavos, diez libras de carne”.

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