jueves, 11 de agosto de 2016

El Sistema Lìmbico en el Cerebro es el responsable de las emociones y acciones del delincuente.


Sangre fría, ante todo EN EL CEREBRO DEL DELINCUENTE
Wendy Santana de Franjul

wendy.santana@listindiario.com
Santo Domingo

Tres personajes traemos hoy que ponen los pelos de punta. Tienen la mente fría para hacer las cosas que entienden que tienen que hacer en un momento determinado, pero sus confesiones revelaron cómo se les va calentando la sangre del cuerpo en la medida en que van cometiendo sus acciones.
Un joven que lamenta haber cumplido sus 20 años en la cárcel tuvo el valor de matar a varias personas a sangre fría sólo para demostrarle a su suegro que era bastante hombre a sus 18 años.
Otro, cansado de tantos viajes frustrados en yola a Puerto Rico, decidió convertirse en sicario junto a un amigo de travesía, con quien también ejecutó varios secuestros.
Y una colombiana revela cómo una emboscada por una deuda de su negocio la llevó a transportar heroína en su estómago de un país a otro.
El suegro lo metió a sicario
Nosotros somos tres. Mi hermano y mi mamá. Mi papá tiene... no sé. Varios. Él es de la calle. Mi mamá trabaja en una empresa de esas que hacen comida. Es cocinera, pero siempre ha vivido allá afuera. Yo me crié con mi abuela. Ella me dejó chiquito y vino cuando yo tenía 15 años. Vivía en Nueva York.  Mi abuela murió y mi mamá vino a hacerse cargo.
- ¿Fuiste buen estudiante?
-Sí. Yo  llegué a primero de bachiller. Ya tenía 17 años. Mi mamá estaba conmigo, pero ya mi mentalidad era diferente. Yo tenía otra vida. Yo no le tenía nada a ella. Ella me daba de todo. El problema fue la calle.
-¿Qué quería tú papá que fueras?
-Oh... un muchacho tranquilo, una persona normal. Pero él era de la calle y yo cogí la calle también. Él quería que yo fuera piloto de avión. Parece que eso le gustaba a él. Pero él lo que es agrónomo.
- ¿Cómo coges la calle?
-Cuando yo crecí me aloqué. Viene la junta, tú sabes... droga, vicios y esas cosas. A los 16 conocí a una muchacha que su papá era un narcotraficante. Él era un capo. Ya yo estaba en la calle truquiando y él no tenía hijos varones. Me cogió como su hijo y me entró al negocio fuerte. Ahí fue que yo conocí de verdad lo que era eso. Era mucha droga la que se movía, había que hacer de todo, matá’ gente y eso.
 -¿A quienes mataste?
-Yo andaba con él para arriba y para abajo mirando cómo era la cosa y de ahí en adelante comencé a meté plomo. Él me enseñó todo. Yo era un chamaquito. Esas son otras clases de mundo. Sólo el que está en ese mundo sabe como e’ la vaina. Ahí yo me juntaba con gente, capos que estaban haciendo eso y fui aprendiendo, me presentaban la gente, normal, yo era como un hijo para él, y comencé a hacerlo. Yo tenía que demostrarle que era hombre para su hija.
- ¿No pensaste que era peligroso?
-Oh... pero por dinero, imagínate.
- ¿Cuánto se consigue?
-El primer dinero mío fue como 50 mil pesos a los 16 años. Él era una gente reconocida ya. Vendía bien. Yo me movía con él. Yo entregaba, recogía el dinero, iba a tal sitio, le cobraba a la gente, le decía qué lo qué, y me daban mi dinero normal. Más o menos en 25 días de trabajo me gané eso. Yo fui a varios sitios y me movía por todas partes. Me daban un carro y yo hacía todo bien. Uno llevaba 50 gramos, 100 y así. Yo iba a Los Alcarrizos, al ensanche Luperón, al Naco, por ahí. Me daban la dirección, el contacto y un carro.
 -¡Mira pero y eso! ¿Esa grabación pa’ qué eh? ¿De qué se trata eso? ¡Cuidao con eso! Cuando viene a ver y matan a uno aquí adentro.
-Descuida. Nadie te pondrá la mano. Estás colaborando con la causa.
-¿Qué causa ejesa?
-Evitar que otros caigan
-Ok. Sigue. Dale
 -¿Cuántas vueltas diste? ¡Ja ja! Ya yo manejo este lenguaje...  
-Yo duré cinco años de amores con la hija de él y todo. Yo no te sé decir cuántas vueltas di porque fueron muchas. Pero después yo dejé eso. A los 18 nos separamos ella y yo, a los 19 caí preso. Y lo que más me duele es que cumplí los 20 aquí en la cárcel.
 -¿Cómo caíste?
-Mi novia y yo nos separamos por un negocio que salió mal. A su papá se le perdieron unas armas largas y él me acusó a mí. Y también unas prendas pero fue su misma hija porque él no le quería dar dinero porque era una chamaquita. Las armas, fue un compañero mío que las cogió, que sabía que estaban ahí. Yo le había explicado dónde estaban. Él hizo algo por ahí, de su cuenta, lo encontraron, le quitaron un arma que estaba involucrada en muchísimos casos, cantó y metieron preso al papá de la muchacha. Él se molestó conmigo, salió de la cárcel con sus influencias que tenía y me denunció. A mí me cogieron. Yo había caído preso antes pero me soltaban de una vez porque era menor. Tú sabes, de esas bellaquerías de muchacho.
 -¿Cómo matabas?
-Me pegaron un muerto en el 2010 y en el 2011 me condenaron. Puede decirse que por vía de ese problema que tuve con esa gente. Ellos me hicieron una vuelta rara. Se movieron un par de sicarios para los que yo trabajaba y caí más rápido por eso. Después que me utilizaron, querían salir de mí.
 -¿Cuál muerto fue ese?   
Eso era una zozobra que yo tenía, donde quiera que me metía me caían atrás. El tipo me decía que buscara el arma y nunca apareció. Ya tú sabes el infierno que yo viví. Era una taquicardia todo el tiempo. El corazón se me iba a salir cada vez que yo veía un carro con los vidrios oscuros. Yo lo que quería era tirá porque sabía que me iban a matar.  Yo no podía ni dormir... y mi mamá mortificá.
 -Háblame del muerto
-La historia del muerto es que lo mataron en una discoteca. Una amiga me invita a un cumpleaños en una discoteca. Mi mamá me dijo no saliera y yo le dije: Tanquila, que todo está bien. Fuimos a la pizzería afuera y pasó un carro. Yo dije me van a quitar el arma. Yo vivía por el casino Blue House, cerca de la San Vicente. Toño estaba tocando, voy a las 11:00 y como a la 1:30 matan al tipo. El muerto recibió 8 impactos de bala y supuestamente nos caen atrás dos de los que andaban con el muerto. Ellos dicen que supuestamente yo me meto por un callejón y boté la pistola por una casa. Entonces, ese día me fui a las 11:30 para mi casa. Yo vivía a dos esquinas de donde mataron al tipo. Yo pasé por el mismo lado que mataron al tipo y por eso dijeron que fui yo.
 - ¿Cómo te atraparon?
-A los tres días mi mamá tuvo un sueño. Estábamos donde mi abuela, que sufría de osteoporosis y yo tenía que sobarla todos los días. Mi mamá me dice: “Mi hijo, me soñé que la casa estaba rodeada de policías”. Yo dije: “Ay mi madre, me van a atrapar” . Y así mismo fue. A la semana fueron a mi casa, en la madrugada, yo metí el arma en el CPU de la computadora, la buscaron, no la encontraron, pero me llevaron. El muerto era un capo también. El amigo mío y yo estábamos ahí y alguien dijo que fuimos nosotros. Al tipo lo mandaron a matar y nos pegaron ese muerto. Eso fueron las gente que querían salir de mí. ¡Me cantaron 30 años, mi hermana!. A los 19 caí y son 30 que yo me tengo que chupar aquí.
En el cerebro del delincuente
El primer trabajo publicado que intentó explicar las reacciones emocionales y el pensamiento lógico, y cómo interactuaban en la toma de decisiones morales, fue un grupo de la Universidad de Princenton, Estados Unidos, publicado en el número de septiembre del 2001 en la revista Science.
Se emplearon imágenes de resonancia magnética para analizar las actividades del cerebro en personas a las que se les pidió que resolvieran problemas morales. Las conclusiones de esa fecha siguen siendo iguales que las de los experimentos de hoy, afirmándose que es el área límbica, la responsable de las experiencias emocionales.
De forma general se considera que la corteza frontal del cerebro, se responsabiliza del control del movimiento, la cognición, la conducta y las emociones. Estos conceptos generales incluyen numerosas funciones particulares, tales como: la planificación, la conducta basada en objetivos y recompensas, la cognición social, la toma de decisiones, la memoria de trabajo, la mentalización, la motivación, la creatividad e incluso el sentido del yo.
No se puede discutir que estas vivencias afloran al momento de tomar cualquier decisión. Gerhard Roth, comparte también la opinión de que la voluntad libre no es otra cosa, por muy práctica que sea, que una ilusión. El órgano de la decisión sería en su opinión, ese sistema límbico, mientras que a la corteza cerebral -responsable de las funciones intelectuales superiores- se le reservaría el papel de mero instrumento asesor.

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