lunes, 6 de junio de 2016

Basura y riesgo de enfermedades


SALUD

Basura y riesgo de enfermedades

El mal manejo y la acumulación de desechos no solo afean el entorno, sino que se convierten en caldo de cultivo para diversas patologías.

 Jaclin Camposjaclin.campos@listindiario.comSanto Domingo
Basura y riesgo de enfermedades
Una medida del Comité de Emergencia Sanitaria para el Manejo de Residuos Sólidos disparó las alarmas la semana pasada. Al declarar en estado de emergencia cuatro municipios del país -número que luego se redujo a dos-, llamó la atención sobre el riesgo medioamiental y sanitario de la acumulación de basura en los espacios públicos.
El mal manejo y amontonamiento de desechos no solo afean el entorno, sino que además atraen plagas y se convierten en caldo de cultivo para la propagación de enfermedades gastrointestinales, respiratorias y de la piel.
Además, de acuerdo con el epidemiólogo y presidente de la Sociedad de Médicos Salubristas, Séntola Martínez, la falta de control en la disposición de los desperdicios hace que a la basura común vayan a parar distintos tipos de sustancias tóxicas, tanto orgánicas como químicas y radiactivas.
El especialista explica cuáles peligros se ocultan en los desechos.
Un foco de enfermedades
La acumulación de basura en las calles y aceras afecta el bienestar de los ciudadanos de maneras que van más allá de lo puramente físico. El desorden, la suciedad, el mal olor, las aguas negras y las plagas influyen incluso en el ánimo y la conducta.
¿Quién no terminaría malhumorado si en el trayecto de la casa al trabajo pisa las heces de un animal o se ensucia con aguas pestilentes?
“Eso engendra violencia”, asegura Séntola Martínez, presidente de la Sociedad de Médicos Salubristas.
Si, como dice Martínez, “el ambiente sano hace un ánimo sano”, entonces residir en una ciudad contaminada y desordenada condiciona negativamente el estado anímico.
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RESPONSABILIDAD
COMPARTIDA
Tóxicos
Debido a la falta de control en la disposición de los desechos sólidos, a la basura común van a parar  sustancias tóxicas, tanto orgánicas como químicas y radiactivas.
Los residuos procedentes de la actividad sanitaria, por ejemplo, contienen materiales de alto riesgo que ponen en peligro la vida de quien entre en contacto con ellos.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 15 por ciento de desechos de las actividades de atención sanitaria “se considera material peligroso que puede ser infeccioso, tóxico o radiactivo”.
Entre estos, Martínez cita objetos punzocortantes (jeringuillas, bisturís y agujas) o contaminados con sangre y otros fluidos.
Un peligro similar entrañan los componentes de aparatos electrónicos, que ameritan un manejo especial pero con frecuencia son desechados en vertederos a cielo abierto.
A finales de 2013, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dio a conocer un estudio que estimaba que para el año 2017 la cantidad de desperdicio electrónico en el mundo alcanzaría los 65.4 millones de toneladas.
La basura electrónica contiene elementos tóxicos -metales como plomo,  mercurio y cadmio- que contaminan el agua y el aire y afectan la salud del ser humano.
“Se está mandando la muerte para la calle”, alerta al respecto Martínez, quien asegura que, producto de la irresponsabilidad y el descuido, los ciudadanos “estamos permanentemente en riesgo”.
Plagas
Plagas y animales que transmiten “decenas de enfermedades” proliferan en las zonas donde hay suciedad y acúmulos de basura. Ratas, moscas, perros y gatos contagian al ser humano con bacterias, hongos y parásitos.
El galeno explica que la basura es caldo de cultivo para la propagación de problemas gastrointestinales, respiratorios y dermatológicos.
Entre los problemas gastrointestinales se encuentran irritación del estómago y los intestinos, vómitos, diarrea, cólera y amebiasis; y entre los problemas de la piel se halla la escabiosis o sarna.
Por otro lado, cuando se incendian, ciertos desechos generan gases tóxicos que contaminan el aire y producen en quien los inhala irritación de las vías respiratorias.
Las personas que residen cerca de vertederos y se exponen a estos gases terminan con procesos de irritación permanente, se convierten en asmáticas o, en el caso de quienes ya padecen esta condición de salud, hacen crisis frecuentes.
Martínez, quien es director del Centro Nacional de Zoonosis, dice que los animales que hurgan en la basura transmiten leptospirosis, toxoplasmosis, rabia y otras enfermedades mortales.
“Si no se toman medidas adecuadas y urgentes en ese orden”, advierte médico, “no habrá en el país recursos para suplir la demanda de la sociedad en términos de los servicios de salud”.
En el caso de patologías transmitidas por mosquitos (dengue, chikungunya, Zika y malaria) la acumulación de desperdicios puede exacerbar la situación epidemiológica, aunque, aclara Martínez, “no en la magnitud que los empíricos hablan”.
Un envase tirado en una esquina cualquiera durante un par de semanas puede convertirse en un criadero de mosquitos: llenarse de agua en una jornada lluviosa y dar al insecto tiempo suficiente para depositar sus huevos y que estos se conviertan primero en larvas, luego en pupas y finalmente en mosquitos adultos.
“En el país entero hay basura acumulada y es posible que eso aumente la crianza del mosquito Aedes aegypti, pero también del mosquito que produce la malaria”, alerta Martínez.
Aguas contaminadas
Cuando llueve se producen más problemas: los desperdicios sólidos obstruyen los desagües haciendo que las calles se inunden.
Finalmente, Martínez comenta que la basura puede contaminar las fuentes del agua empleada para la preparación de los alimentos y la higiene personal. Incluso aseándose o cepillándose, una persona puede tragar agua contaminada accidentalmente.  
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RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Sectores involucrados
Tanto la ciudadanía como las autoridades municipales comparten la responsabilidad por la crisis medioambiental que se genera con la acumulación de basura. La ciudadanía, por su desmesurado consumismo y por lanzar desperdicios a las calles, y las autoridades por no cumplir con su responsabilidad de recoger los residuos sólidos y castigar a quienes ensucien los espacios públicos.
El sector productivo no está libre de culpa. Al comercializar productos cuyo embalaje genera gran cantidad de desperdicios, contribuye a hacer más insostenible la situación.
Otros fenómenos que, según el epidemiólogo y salubrista Séntola Martínez, agravan la crisis son la explosión demográfica y la rapidez con la que la sociedad adoptó el expendio de productos empaquetados en plástico.
“Hasta hace un tiempo la basura tenía una característica: era biodegradable”, señala el especialista. “No había tantos desechos”.




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