domingo, 1 de noviembre de 2015

El cerebro y sus parásitos (Cisticercosis)

El cerebro y sus parásitos (Cisticercosis)
Por 
j.silie[@]hoy.com.do 
Lo prometido es deuda. Nos habíamos comprometido a “conversar” sobre la Neurocisticercosis, en razón de nuestra participación en una mesa redonda en nuestro pasado congreso de neurólogos y neurocirujanos. En la oportunidad junto a un grupo de muy distinguidos profesores de las neurociencias “conversamos” de diferentes aspectos de la cisticercosis, en particular de las convulsiones epilépticas que produce. Como parasitosis cerebral quizás la más frecuente en el país. Sabemos que el cerebro puede ser parasitado por: hongos, filarias, bacterias, lombrices, treponemas, etc., es decir que la parasitación por el cisticerco es solo una de las posibilidades. Felizmente todos estos eventos son poco comunes, pues sus secuelas nefastas van desde producir intensas cefaleas, convulsiones y se acompañan de una alta tasa de mortalidad.
En la oportunidad, tuve el honor de compartir con del Dr. Marco Tulio Medina, neurólogo hondureño, quien preside la seccional de la Liga Mundial de la Epilepsia para Latinoamérica, el destacado neurocirujano doctor Dionis Rivera y nuestro principal Neuradiólogo, el doctor José Miguel Paliza. Hicimos una revisión de los aspectos clínicos y radiológicos de la enfermedad, sabemos que la tomografía de cráneo es un auxiliar vital en estos casos.
La Neurocisticercosis es la presencia de larvas de taenia solium, comúnmente conocida como solitaria, en el sistema nervioso central. La cisticercosis cerebral es un padecimiento muy frecuente en la República Dominicana; principalmente en la zona Sur del país, donde en una investigación hecha por los doctores Diógenes Santos y Dionis Rivera, determinaron que tiene predilección por el sexo masculino, pero no en edad y afecta a cualquier clase social.
En nuestro país, como en muchos otros países, los primeros estudios para conocer la frecuencia de la Neurocisticercosis se realizaron como tesis de grado en hospitales y con muy escasas series de necropsias, reportando hasta 8.6 % en pacientes hospitalizados y alrededor de 2 % en necropsias de adultos. En un estudio realizado en este Instituto Nacional de Neurología mexicano durante el periodo 1995-2001 se detectó un promedio de 55 casos por año. En nuestro medio no tenemos estadísticas confiables sobre este padecimiento. Esta enfermedad es producida por los huevecillos de solitaria, parásito que se aloja en el intestino de muchas personas. La infestación del ser humano puede ocurrir de dos maneras: Por la ingestión de huevos del parásito emitidos por las heces de persona infestadas, o por la vía fecal-oral, frutas, vegetales y alimentos pueden contaminarse. Es decir que no es solo el pobre cerdito quien nos puede contaminar sino que directamente puede ser un infectado, es una de las razones de aquello de lavarse bien las manos, respecto del padecimiento de esta condición donde cobra importancia. Es una creencia popular que este padecimiento se presenta solo por comer carne de cerdo mal cocida, lo cual no es verdad. Lo que produce comer carne de cerdo mal cocida es la parasitosis intestinal por taenia solium (solitaria) convirtiéndose el hombre parasitado en un riesgo potencial, ya que diariamente arroja en sus materias fecales 200,000 huevecillos contenidos en los fragmentos de solitaria conocidos como tallarines que, de ser ingeridos por otra persona en alimentos contaminados, se van al cerebro y causan la cisticercosis cerebral. Estos huevecillos no pueden verse a simple vista y frecuentemente contaminan los alimentos que ingerimos.
Existen dos formas de infestarse: La más común es la infección externa. El hombre, que es el huésped definitivo, alberga en su intestino a la taenia solium (solitaria) adulta, y al evacuar, en sus heces fecales elimina diariamente enormes cantidades de huevecillos del parásito y contamina sus manos, depositando así múltiples huevecillos en los alimentos que consume o da a consumir a otras personas. Cuando un individuo defeca al aire libre, los huevecillos afectados contaminan sembradíos y legumbres, que posteriormente serán ingeridos por el cerdo o por personas y así contraerán la enfermedad.
Los síntomas son muy variados, de acuerdo con la localización y número de cisticercos en el cerebro, como por ejemplo: dolor de cabeza, convulsiones epilépticas, visión borrosa, alteraciones al caminar, parestesias migratorias. Si lo podemos evitar con simples medidas de higiene al tratar los alimentos y cocer adecuadamente la carne de cerdo, ¿por qué no hacerlo?

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