domingo, 12 de julio de 2015

Determinan la relación de la actividad funcional del cerebro con su estructura

CIENCIA

Instituto de Investigación biosanitaria Biocruces

El investigador del Instituto Biocruces, Ibai Díez.Investigadores vascos publican en 'Nature' un inédito 'atlas cerebral'

  • Logran determinar la relación de la actividad funcional del cerebro con su estructura

  • Abre la puerta a nuevos estudios de enfermedades neurodegenerativas

  • Entre ellas el Alzheimer, el Parkinson o la Epilepsia

El investigador del Instituto Biocruces, Ibai Díez. ARABA PRESS


     
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Es probablemente la máquina más perfecta de cuantas se han fabricado. También la más insondable y la que aún guarda muchos misterios por descubrir. Técnicamente perfecta, con una precisión asombrosa y siempre en continua evolución. Ingeniería pura. Y así desde el origen de los tiempos. Se llama cerebro y sigue asombrando a médicos, científicos e incluso a físicos y expertos en telecomunicaciones. Es precisamente a estos últimos a los que se debe asignar el último descubrimiento. La incógnita partía de una formula aún por descifrar: la relación entre la estructura cerebral y su funcionalidad, o dicho de otro modo, la interacción funcional entre sus distintas regiones y poder determinar qué tipo de funciones comparten estructura. Localizarlas y fijarlas en un mapa o atlas del cerebro no es poca cosa. La investigación ha merecido ser publicada en la prestigiosa revista Nature y el mérito se debe a un equipo de investigadores del Instituto de Investigación biosanitaria Biocruces, integrado, entre otros, por dos físicos, un ingeniero de telecomunicaciones, un informático y dos neuradiólogos.
Hasta ahora tan sólo se había logrado conformar un atlas del cerebro detallando, bien su estructura, bien su funcionalidad, pero en ningún caso señalando las interacciones funcionales entre distintas regiones cerebrales. Con el nuevo descubrimiento de los investigadores del grupo de Neuroimagen Computacional y la Plataforma de Biomedicina Cuantitativa de Biocruces se abre la puerta para el estudio de nuevos aspectos de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, el Parkinson, la Epilepsia o las consecuencias en la actividad cerebral de los traumatismos cranoencefálicos.
Ibai Díaz es ingeniero de telecomunicaciones y parte esencial del equipo investigador que ha liderado el profesor de Ikerbasque, Jesús María Cortés. La presencia de un perfil como el suyo en una investigación como ésta es aún una novedad en España. «En otros países es más habitual en las investigaciones biosanitarias». Asegura que un ingeniero o incluso un físico pueden ser esenciales cuando se afrontan proyectos que requieren «procesado de imagen, de señales, mucha matemática, etc.»: «Alguien con un perfil muy clínico no sería capaz de hacer estos análisis. Por eso nosotros aportamos las herramientas técnicas y los clínicos aportan la visión más neuro que nosotros no tenemos».
Díez subraya que el reto pasaba por intentar descubrir y describir, -analizando un estímulo u otro, o incluso la ausencia de él-, si se producen interacciones funcionales entre la estructura de una región del cerebro y otra. «Queríamos ver si están sincronizadas. Nos permitiría pensar que si existen conexiones funcionales entre una región y otra en realidad es porque también hay similitudes de carácter estructural. Es decir, que si la actividad en dos zonas del cerebro es igual probablemente sea porque su estructura también lo es».
La investigación se inició con la selección de 12 voluntarios sanos, «en realidad eran compañeros nuestros», a los que se les sometió a una resonancia magnética en las que se captó toda la estructura cerebral y el movimiento. Con esa información se configuró un cerebro tipo sobre el que el análisis de sus estructuras y del comportamiento funcional han permitido detectar correlaciones para elaborar el atlas.
A partir de ese trabajo se ha podido avanzar en otros estudios de carácter más clínico, también puesto en marcha por este equipo de investigadores de Biocruces. «Hemos estudiado patologías como las de los niños que han sufrido un traumatismo cranoencefálico o que han sufrido un accidente, para ver cómo tras las secuelas cognitivas, y el paso del tiempo y la rehabilitación, su cerebro ha sido capaz de reorganizarse», señala Díez. Por último, han llevado a cabo otra investigación para determinar en diversas patologías qué fibras y cuántas se pierden en cada una de las regiones cerebrales con el paso del tiempo.

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